¿POR QUÉ ENFERMAMOS?

Las personas funcionamos en varios planos simultáneamente: el plano físico, el plano mental y el plano espiritual.

Cuando sentimos o vivimos alguna situación dolorosa, que nos desagrada o que por alguna razón inconsciente decidimos desecharla, reaparece en el plano físico, es decir, se materializa. Esta materialización inconsciente de aspectos ocultos de nuestra alma se titula: síntoma.

La nueva medicina
El síntoma en el cuerpo molesta. La primera reacción es querer eliminar esa molestia que viene de afuera a perjudicarnos. No obstante ese síntoma físico es la mejor señal de la que disponemos para indagar sobre el origen del desequilibrio

La medicina está dedicada mayormente a hacer desaparecer los llamados de atención, sin mostrar curiosidad por los verdaderos motivos de la aparición de los síntomas. Si bien por milenios se ha tenido en cuenta la relación entre la psiquis y el cuerpo, la ciencia moderna (y occidental) parecía haberlo olvidado.

En los últimos años ha habido dentro de lo que se llama “La nueva medicina” o “Nueva Medicina germánica” estudios científicos que demuestran la relación entre la psiquis, es decir las vivencias de las personas que han sido traumáticas, y el órgano lesionado. El Dr. Hammer, fudandor de esta nueva corriente, encontró que el estrés emocional inesperado, como el de una separación o pérdida inesperada de un ser querido, ocurre no sólo en nuestra psique, sino que tiene un efecto predecible en el órgano correspondiente, coordinado desde el cerebro. Esta ley se cumple en todos los casos excluyendo tres tipos de enfermedades: los traumatismos, los envenenamientos y las que ya se nace con ellas. Todas las demás, absolutamente todas, se rigen por esta ley.

El lenguaje oculto de los síntomas

La enfermedad se equipara al estado de conciencia de la persona, por eso los síntomas son guías en el camino de instrospección y búsqueda personal, es entonces necesario aprender y comprender el lenguaje de los síntomas.

Lo que no queremos ser, lo que no queremos admitir, lo que no queremos recordar forma nuestro polo negativo, forman nuestro inconsciente o nuestra sombra. El repudio de la otra mitad, la que no nos gusta de nosotros mismos, no la hace desaparecer, sólo las niega en la conciencia. La sombra es todo lo que el individuo no puede reconocer de sí mismo y es lo que nos enferma, es decir que se materializa trayéndonos el otro polo no reconocido, y entonces nos completa.

Aquello que no queremos reconocer es lo que nos muestra la enfermedad. La sombra contiene todo lo que consideramos malo, lo cual nos lleva a creer que debemos combatirla. Pero resulta que el bien depende del mal, si fuéramos capaces de conocer y aceptar nuestra sombra, tal vez no habría nada para combatir. La enfermedad trae a la luz de la conciencia lo que está relegado a la sombra, y así nos convierte en seres un poco más auténticos, sinceros, vulnerables y verdaderos.

Si a una dolencia física respondemos sólo con un “remedio” físico, la dolencia tendrá que encontrar otro lenguaje para expresarse. El síntoma físico es apenas un esbozo. Puedo suprimirlo de manera provisoria, pero el desequilibrio y el sufrimiento no residen en el cuerpo, sino en el alma.

Hablar, llorar, gritar y expresar previene la conversión del trastorno psíquico en síntoma somático. Por eso es tan importante poder expresar las emociones, los verdaderos sentimientos, sin miedo ni pudor, los secretos, los no-dichos, los traumas ocultos, los grandes dolores y los duelos no realizados. Poder expresar es parte del camino de sanar.

Se supone que tenemos que luchar contra las enfermedades, sin embargo sería bueno que estuviésemos dispuestos a ver lo que la enfermedad tiene de valioso para mostrarnos. La curación tiene que ver con la ampliación del conocimiento de sí mismo. Luchar contra la enfermedad es luchar contra nosotros mismos, contra nuestros aspectos inconscientes, que también forman parte de nosotros.

Hay que comprender el lenguaje análogo de los síntomas, su significado y entender que, generalmente, la enfermedad trae, junto con la molestia, una cuota de placer, ya que muchas veces a través de la enfermedad logramos lo que necesitamos, ya sea descanso, soledad, cuidados, atención e incluso un auto castigo que creemos merecer. He visto madres que solo se enferman los fines de semana, cuando ya no depende de ellas la organización familiar y pueden, sin culpas porque “están engripadas”, echarse a descansar. Personas que en un accidente han provocado la invalidez o muerte de alguien, luego enferman gravemente compensando y expiando la provocación de este dolor. Hay quienes se “tragan” alguna rabieta y luego tienen dolores de garganta o afonía. Personas que detestan sus trabajos y por no animarse a renunciar viven con constantes dolores… y la lista de ejemplos en los que el cuerpo manifiesta aquello que no podemos expresar, porque no lo sabemos conscientemente, podría seguir interminablemente.

Salud es aceptación

En este marco, podríamos definir salud como una permanente búsqueda de apertura y aceptación hacia los procesos internos, y enfermedad como la poca conciencia de los estados internos y la no aceptación del lenguaje de los síntomas que necesitamos descifrar.

por Verónica Sabattini (Artículo publicado en la Revista Genoma noviembre 2009)

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