MANDALAS: NUESTRO ALIADO EN LAS CRISIS

Hoy tengo la oportunidad de acercarme a ustedes y contarles sobre los Mandalas, por algo surgido en uno de los últimos talleres sentía deseos de escribir este artículo sobre la utilidad de los Mandalas en momentos difíciles, cuando alguna situación nos hace sentir un dolor emocional profundo o cuando atravesamos una crisis.

Foto taler Niño InteriorQuizás ya los conozcas o quizás te estés preguntando de qué hablo… Los mandalas son dibujos centrados, generalmente circulares, que contienen un borde y un centro. Si dejas de leer por un momento y miras a tu alrededor, seguramente hallarás muchos Mandalas en tu entorno. Y cómo lo sé? Porque el Mandala es una forma universal presente en la naturaleza, el arte y las creaciones de todo tipo. Sin ir demasiado lejos, tus ojos son Mandalas.

Como forma universal, se han hallado Mandalas alrededor del mundo, en todas las culturas y de todas épocas. No obstante es en Oriente donde se le dio una mayor importancia a su uso y simbolismo. En Occidente, fue el famoso psicoanalista Carl Jung el primer terapeuta en utilizar Mandalas con los pacientes y lo definió como “una representación del yo inconsciente”, desde él en adelante no se ha parado de descubrir sus múltiples beneficios y los diferentes ámbitos de aplicación.

Las crisis: Qué son? Qué generan en nosotros?

Sin ánimo de ponerme demasiado teórica, creo que es necesario definir qué entendemos por crisis. Y para ello es necesario distinguir dos tipos básicos:

Las crisis vitales evolutivas, que están relacionadas con las diferentes etapas que todos pasamos a lo largo de la vida, son cambios previsibles que nos plantean nuevos desafíos.

Y las crisis situacionales, que están causadas por hechos imprevistos y repentinos que representan un cambio para el que no estábamos preparados (divorcio, enfermedad, duelo, pérdida de trabajo, mudanzas, etc.).

Pero más allá de la diferencia conceptual, ambas tienen en común la carga emocional que las acompaña y que afecta nuestra capacidad para afrontar los problemas como solemos hacerlo, pudiendo sentirnos angustiados, sin control de nuestra vida, enojados, desmotivados, ansiosos, etc.

Si bien una crisis puede generar un cambio muy positivo en el futuro, en el momento en que la estamos viviendo, no la percibimos así, si no todo lo contrario. No vemos el camino que nos guía a la salida, y la sensación más común suele ser la desesperación.

Absolutamente todos pasamos por alguna crisis en algún momento de nuestras vidas. Sin embargo la forma de afrontarla puede ser muy diferente, no sólo dependiendo de la situación que nos toque atravesar, si no también por los recursos internos que tenemos para hacerle frente.

Mandalas al rescate!

Para empezar, el sólo hecho de crear un Mandala, en un espacio contenedor y seguro, nos da la sensación de bienestar. Y de manera general, las personas que trabajan con ellos pueden hacer un triple proceso: de centramiento, de creación y de relajación.

Por otra parte, el Mandala es una herramienta muy buena para ayudarnos a tomar conciencia de aspectos escondidos o dolorosos en cualquier conflicto de tipo psicológico. Y sabemos que esta toma de conciencia es el primer paso para resolver un problema. Más aún, cuando el dolor nos impide poner en palabras aquello que sentimos o pensamos, crear o colorear Mandalas nos permite liberar de una manera integradora aquello que tenemos bloqueado dentro.

Independientemente del tipo de problema, las razones o la etapa en que se encuentre una persona, una crisis es un proceso de alteración en su equilibrio tanto físico, como emocional, espiritual y social. Atender todos estos aspectos es fundamental para el mejor desenvolvimiento del proceso que está atravesando y sólo de ésta manera la persona podrá recobrar la armonía y vivir plenamente.

El mandala es una herramienta holística que abarca todos estos aspectos de la persona, y es por ello que es un instrumento terapéutico ideal para atravesar estos momentos difíciles. Yo lo veo como una fuerte y directa conexión con nuestro Yo Superior, es como si en un momento en que no sabemos qué hacer, nos conectásemos con esa instancia superior, que desde otra perspectiva, no guía y nos fortalece.

En los talleres o sesiones individuales que abordamos estos temas, invito a los participantes a crear un Mandala que represente sus sentimientos en en ese momento particular. Para algunos, la práctica es muy tranquilizadora y los ayuda a centrarse. Otros encuentran que es una técnica poderosa para contener las emociones negativas, como el miedo, la ansiedad o la ira, y al verlas proyectadas pueden darles un sentido e incluso se sienten “más livianos”.

Uno de los aspectos más interesantes de la terapia con Mandala es el hecho de que cada Mandala proporciona como una foto instantánea del estado emocional de su creador. Lo cual es fabuloso porque si tenemos un hueso roto lo veremos en una radiografía pero tenemos pocos recursos que nos reflejen de ésta manera nuestro estado emocional interno.

Como dije anteriormente, el Mandala ayuda a centrarnos. Numerosos pacientes me han dicho en medio de una crisis que sienten “no poder parar la cabeza”, se sienten abrumados por los pensamientos y preocupaciones que no los dejan descansar y les generan ansiedad. El Mandala aquieta la mente, focaliza la atención y es como si, por el tiempo que estamos coloreando, el tiempo fuese más lento y pudiésemos ver todo con mayor claridad y comprensión. De esta manera, se accede a un estado de mayor relajación y bienestar.

Los mensajes del mandala

Es de suma importancia, que la persona que crea un mandala, se observe. Observe los sentimientos, pensamientos y sensaciones que se producen a lo largo de la creación o coloreado.

Cada color, cada forma y cada elemento utilizados nos van dando información vital en la búsqueda del significado del Mandala que se ha creado o coloreado. A pesar de que el significado de cada color, figura o forma es particular y es interpretada de manera muy individual por cada persona, también contamos con los aportes de las interpretaciones universales que se hacen de los colores, formas o números, lo cual lo convierte en un núcleo poderoso de información sobre nosotros mismos.

Aprender a descodificar estos mensajes es muy enriquecedor, no sólo en una situación difícil, si no en cualquier momento, por el sólo placer de profundizar en nuestro autoconocimiento.

Nadie dice que sea fácil…

Quien ha estado mal sabe que cualquier esfuerzo parece mayúsculo en medio de una tormenta personal.

En momentos difíciles, de oscuridad, debemos hacer un pequeño acto de voluntad para buscar la luz. Es precisamente eso lo que nos ofrece el trabajo con Mandalas, abrirnos a las emociones y pensamiento que surjan y liberarlos para estar abiertos a esa luz que nos guiará en el camino de retorno a la paz interior.

Verónica Sabattini (art. escrito para la Newsletter de www.trans-formarte.net)

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